Alianza Damarco
Damarco face.png
Raza Huargen
Edad 35 años
Alineamiento Neutral bueno
Afiliación Alianza, Gilneas, Círculo Cenarion

Gabriel Damarco Lobonegro, mejor conocido como Damarco (n. Aldea Piroleña, Bosque de Argénteos), es un huargen guerrero. Otrora apodado el Barón rebelde de Gilneas, así como, más tarde, el Barón salvaje, es miembro de los Defensores de Nordrassil. También encabeza la manada de los Hijos de Goldrinn y es el heredero y nuevo lord Lobonegro, dueño de una mansión ruinosa en el Bosque del Ocaso.

Apariencia[editar | editar código]

Alto y erguido, su pose trasluce orgullo e inspira poderío. Su musculatura, lejos de presentarse abultada e hipertrofiada, es compacta, turgente y nervuda. Una densa y leonina pelambre del color del azabache tapiza su cuerpo en su totalidad.

Sus garfas están afiladas como estiletes, y las hileras de incisivos puntiagudos se asemejan a los dientes de un tiburón, conservando en su mayor parte la blancura. Su lengua adopta un tono espliego y su morro es tieso y erecto, rematado por una trufa negra que husmea inquieta.

Gesticula con precisión y con energía en aspavientos circulares y abiertos, como si estuviera mimetizando los ejercicios de su esgrima. Aunque sus facciones suelen lucir impertérritas, mirando a otros con intensidad como si los estuviera juzgando, en momentos de excitación emocional es capaz de una gran expresividad facial.

Procura vestir armaduras flexibles, que le permitan movilidad y que protejan las zonas más vulnerables de su anatomía. Desde el momento de la Maldición del Huargen considera la ropa de gala como banal y suntuosa, pero su reciente rehumanización está dotándole de una perspectiva más transigente en este sentido.

Posee un vozarrón grave y gutural, más propio de la bestia que del humano. Pese a ello, habla con una inusitada elocuencia, adecuando su tono y vocalizando con dicción ejemplar.

Personalidad[editar | editar código]

Gabriel Damarco suele mostrarse solemne, pero tras esa fachada espartana es intensamente emotivo. Posee un corazón generoso y un deseo firme de defender a los más débiles, como un padre lobo que protege a su camada o si acaso como un caballero silvestre y trágico acostumbrado a los infortunios de la vida.

Sus vecinos y amigos más cercanos hicieron oídos sordos a la Alianza, al destierro de la Aldea Piroleña, su pueblo natal, y al Molino de Ámbar, por cobardía o por pura indiferencia. Eso le ha vuelto altamente alérgico a la inmoralidad, a la mezquindad y a la apatía, y ferozmente independiente de cualquiera que intente coaccionarle, lo que ha devenido en una actitud cínica y pesimista. Si bien, hace esfuerzos por sobreponerse a ella.

Hace poco recobró la forma humana por primera vez desde la metamorfosis y ha sido repudiado por ello, enjuiciado por su apariencia externa como huargen, cuando los auténticos monstruos dormitan en lo más hondo del alma de los hombres. Tampoco puede identificarse completamente con las bestias, aunque sí las considera más prácticas y honestas que los seres humanos, de quienes con frecuencia afirma que pueden disfrazarse, como en un baile de máscaras, siendo de hecho lobos con pieles de cordero. Al final, él se considera una gestalt entre humano y bestia: la suma de atributos positivos y negativos de ambas partes.

Si hay algo que elogia de la humanidad es la literatura por su valor ilustrativo y moralizante. Es letrado en historia y alquimia. A veces, se expresa con arcaísmos y hace uso de apotegmas en dialectos milenarios. Para él, el amor y la bondad no son exclusivos de la humanidad, pero sí categorías definitorias (y a menudo transgredidas).

Es espiritual, aunque ve con un prisma único la Luz: más como motor kármico y producto de la retribución cósmica que como un objeto de culto. Su filosofía sincrética adopta nociones del druidismo y está profundamente enraizada en la mitología del Gran Lobo Goldrinn. También siente admiración por la diosa de la luna, Elune, a la que implora iluminación por los vericuetos más sombríos de su camino.

La mordedura de la soledad, el peso de la contrición por sus errores y la búsqueda indomable de justicia —obedeciendo los dictados de su propia brújula moral—, han evidenciado el yerro de sus prejuicios. Su deseo insaciable de gregarismo se ha visto satisfecho. Gabriel siente que ha recuperado la humanidad que nunca perdió y que ahora como huargen, irónicamente, es mucho más humano que nunca.

El tiempo y los hechos decidirán si Gabriel Damarco podrá compaginar su identidad pública, el liderazgo de los Hijos de Goldrinn y sus nuevos deberes como lord Lobonegro con los lances del matrimonio y de la paternidad.

Ocupación[editar | editar código]

Guerrero y alquimista. Cuando su familia cayó en desgracia por apoyar la rebelión, lideró una banda de rebeldes, los Lobos Feroces, que cumplían encargos para la gente común allí donde las autoridades estaban corruptas o eran negligentes. Su equipo se desmembró en la Noche de los Aullidos, y Gabriel se unió a los Centinelas en parte para saldar la deuda de su patria con los elfos de la noche; también, para aprender más sobre Goldrinn y sobre sí mismo. Poco después fundó los Hijos de Goldrinn, su manada, que preside como alfa, y más tarde encabezó al Pacto de las Cenizas para desmantelar una insidiosa conjura en el asiento de poder de la mismísima Alianza.

Aunque su aspecto animal lo desmiente, Gabriel es un amante de la literatura y ha escrito varias obras profundamente introspectivas sobre la naturaleza del ser humano, de las que rara vez hace alarde. Sabe bastante acerca de las reacciones químicas que tienen lugar dentro y fuera del organismo, debido a su educación privilegiada y, sobre todo, a su dilatada vida ahíta de experiencias. Sin embargo, tiende a ser muy poco ortodoxo en este oficio y trabaja con material poco especializado, a menudo extravagante, improvisado y cotidiano.

Pese a que su retorno a la civilización no puede comportar la restauración de su primera dignidad nobiliaria, pues hasta hace poco carecía de una baronía que administrar, Gabriel Damarco ha recibido en herencia el título de lord Lobonegro y es dueño de una casona medio derruida en el Cerro del Cuervo del Bosque del Ocaso. Además, Gabriel sigue siendo el alfa de los Hijos de Goldrinn y lidera con sabiduría y justicia, guiando a sus amigos en las tradiciones atávicas de honor, sacrificio y tesón del Anciano lobo Goldrinn y de la Alianza.

Familia[editar | editar código]

Lord Hannibal Damarco era el patriarca de su casa, una acomodada hacienda agrícola a las afueras de la Aldea Piroleña. Su madre, Elisabeth, murió de sepsis puerperal tras el parto. La segunda esposa de su padre, Rebecca, engendró a dos preciosas gemelas: Dayann y Dayanara. Fue mala providencia que Rebecca corriera una suerte similar, siendo asesinada por bandidos. El carácter de Hannibal se agrió y eso llevó a alistarse en la milicia de Gilneas, en una persecución obcecada de venganza. Debido a ello, Gabriel suplió a su padre, ocupándose de la crianza y de la protección de sus hermanas. La finca prosperó, y el sacrificio heroico de Hannibal en la Segunda Guerra les sirvió a los Damarco para recuperar el buen crédito frente a los nobles del reino.

Dayann había desaparecido en Kalimdor en la medianía de su adiestramiento druídico; o eso pensaba Gabriel hasta que una misteriosa lechuza gavilana le trajo una misiva firmada por ella, en la que se refería a un pozo mitológico de aguas benditas por el éter del Anciano lobo: la Fontana de Sangreferal. Cuando la encontraron, los acontecimientos se precipitaron pesada y fatídicamente, dictando su temprana e intempestiva muerte. Los últimos hallazgos han revelado, no obstante, que Dayanara ha sobrevivido y que está siendo retenida en algún refugio lúgubre e inmundo de la nauseabunda ciudad de Entrañas. Asimismo, la tumba de Dayann ha sido profanada hace relativamente poco y se desconoce el destino del cadáver.

Eventualmente, Gabriel ha desvelado el motivo por el que su padre ocultó cualquier género de información sobre la vida anterior de su madre. Elisabeth Damarco, antaño más conocida como Elisabeth Lobonegro, era la única hija de lord Richard Lobonegro, propietario de una lujosa hacienda en el Cerro del Cuervo. Elisabeth quiso escapar de las cadenas de un casamiento por conveniencia y para ello se fugó al norte, a Gilneas, donde conoció a Hannibal y decidió fundar una familia. Ahora que la verdad se ha desentrañado, Gabriel ha sucedido a su abuelo difunto como lord Lobonegro.

Trasfondo[editar | editar código]

El apellido de los Damarco no gozó de gran hidalguía ni de renombre hasta hace veinte años. Propietario de una finca rural, el barón venido a menos Hannibal Damarco recibió de forma póstuma grandes honores al sacrificar su vida por sus compatriotas en la Segunda Guerra. Su hijo y sucesor inmediato, Gabriel Damarco, heredó el prestigio y las prerrogativas que correspondían a su padre, incluyendo la restitución de su dignidad nobiliaria, y con la intervención de los restantes parientes de la Casa Damarco consiguieron ampliar los límites de sus latifundios anexándose las granjas cercanas y contratando labriegos para trabajar en los campos de cultivo.

Las exportaciones de producto agrícola de los Damarco, que en un principio habían surtido a los territorios vecinos bajo la jurisdicción de Lord Crowley, la Aldea Piroleña y Molino Ámbar, alcanzaron su punto álgido cuando fueron reclamadas en la ciudad capital de Gilneas. La incipiente riqueza, sumada a la concesión de un asiento en la baja nobleza, ayudó a la consolidación del señorío como potencia mercante en el reino. Eso permitió que se invirtieran fondos en la formación de una mesnada para la protección de las heredades.

Durante la Rebelión de la Puerta del Norte, la Casa Damarco apoyó a la resistencia revolucionaria de Darius Crowley, reacios a consentir que Gilneas se aislara del mundo, abandonando a sus aliados de los otros reinos de la Alianza y a sus hermanos gilneanos de la Aldea Piroleña —en cuya periferia se ubicaba la hacienda familiar— y del Molino Ámbar tras la Muralla Cringris. Como consecuencia de la guerra civil, la Casa Damarco fue desaforada por la corona tras el fracaso de la rebelión, y dos de sus tres miembros fueron hechos presidiarios políticos en la Prisión Guardapétrea.

Durante años, el buen nombre de los Damarco había sido puesto en entredicho: ultrajado y menoscabado por favorecer una causa justa. Con los recientes acontecimientos de la invasión de Gilneas, la liberación de los presos y la reconciliación de ambos bandos militantes, los cargos contra los rebeldes han sido recusados. A raíz de esto, la Casa Damarco permanece en la ruina: sin propiedades ni ningún derecho que reclamar. Su señor, Gabriel Damarco, no ha llevado a cabo ninguna empresa para alterar esta situación por el momento; tampoco ha participado en ninguna reunión de la nobleza gilneana desde el incidente.

Tras la fatídica Noche de los Aullidos, Gabriel se alió al Frente de Liberación de Gilneas bajo las órdenes de Darius Crowley en un vano intento por delectar permanentemente de sus tierras la mácula de la infestación Renegada y vindicarlas para la gente del pueblo llano. Quiso valerse de su forma feral a modo de avatar para la guerra, pero en el fondo de su corazón sabía que había algo más que no había estado considerando. Cuando el enfrentamiento encarnizado en el linde del Bosque de Argénteos concluyó, Gabriel había sido testigo en primera fila del sufrimiento compartido de sus congéneres de la Alianza; en concreto, de los aldeanos de las Laderas de Trabalomas.

Viajó al sur y pasó un tiempo trabajando como espada de alquiler sólo para las causas justas, siguiendo el modelo de su padre, puliendo su técnica y descubriendo las ventajas pragmáticas de su forma. Altamente cínico con la humanidad a tenor de las magulladuras lacerantes de la Rebelión de la Puerta del Norte, decidió divorciar su camino de ésta y zarpar a Kalimdor, donde empezar de nuevo y reencontrarse con su hermana, que meses atrás había embarcado en Puerto Quilla hacia Darnassus. Sin embargo, tal acontecimiento no llegó a producirse.

Una dolorosa comezón, el miedo a sentirse solo en el mundo, lo empujó a permanecer junto a los elfos de la noche y a aceptar su caridad y sus enseñanzas alistándose en los Centinelas. Todos los vínculos que lo ataban a la humanidad se había ido desgarrando con los años, desde el arresto ilícito de sus hermanas a la indolencia mostrada por sus propios convecinos con respecto a la suerte del Molino de Ámbar y su oriunda Aldea Piroleña. Junto a los kal'dorei, Gabriel encontró la solidaridad que reivindicaba y exploró hasta un nivel insólito, corporal y espiritualmente, el legado mordiente que Goldrinn y los primigenios druidas de la manada le habían dejado.

Aprendió mucho acerca de la naturaleza y del papel de los huargen en ella, pero aún seguía sintiendo la dentellada del desamparo haciendo mella en su piel. Mediante el hallazgo y la pena asunción de su lado feral, brotó en él el germen de nostalgia por su olvidada humanidad. Marchó a Ventormenta y trató de conocer a sus compatriotas de Gilneas, y al resto de gentes de la Alianza, que habían construido en el capitolio humano su hogar. Él, no obstante, no podía sentirse tan cómodo entre los humanos, quienes meses atrás en su vagabundeo como mercenario lo habían reprobado y cubierto de execraciones. Pero la necesidad le obligaba a soportar con estoicismo el temporal.

Se sintió decepcionado, pues creyó que las semillas pulsantes del Anciano lobo no sólo no habían hecho eclosión en sus semejantes, sino que muchos las reprimían activamente para fingirse humanos ordinarios —cosa que no eran—; y aún más, eran tratados con condescendencia y como ciudadanos de segunda categoría, ¡tanto por sí mismos como por la población de Ventormenta! Tal desdoro era un flagrante atropello que sintió que debía enmendar.

El ultraje de ver a sus hermanos como a perros abozalados y amaestrados bailando al son de otra nación, le encolerizó. Quiso comprender por qué, y descubrió que sus presunciones estaban equivocadas. Los huargen de Ventormenta se habían visto forzados a librar una cruenta lid política para ser admitidos en igualdad de condiciones por el resto de miembros de la Alianza; y todavía con reservas. Conoció a la Embajada de Gilneas, y aunque en un principio los consideró partidarios de una rancia aristocracia y sofistas hasta la médula, más adelante tuvo que reconocer su valor.

El contacto con ellos y con otros huargen hizo emerger, muy lenta y cautamente, fragmentos de su humanidad abandonada que templaron su carcasa de hielo. En realidad, y comprendió pronto, jamás había dejado de ser humano; ni la humanidad era la culpable de todas las dolencias de Azeroth. Pero sí de muchas. Gracias a las demostraciones de afecto constantes de sus nuevos amigos, su lado humano y su lado bestial pudieron entablar al fin una reconciliación, y celebrar una tregua duradera, lo que lo sumió en un estado de paz ignoto hasta la fecha.

Y pese a que aquellas acciones sí aliviaron el peso sobre la conciencia atribulada del huargen, no sería ese el último obstáculo al que tuviera que plantar cara. Por más que lo intentaba, no podía regresar a la forma humana. Buscó el consejo de los más eruditos, de los más perceptivos y piadosos con los desafortunados, y el diagnóstico que le dieron fue el que él mismo ya había sospechado: su labilidad para la metamorfosis no se debía a ningún padecimiento físico, sino más bien a una aflicción espiritual. Consternado y solo, pero más alerta que nunca de sus propias limitaciones, decidió entregarse sin reparos a la búsqueda de justicia, como su padre antes que él.

Hace tan solo unas semanas, Gabriel recibió un mensaje críptico de su hermana por medio de una ave negra agorera: una lechuza gavilana. En el mensaje, expresaba sus disculpas por desaparecer en Kalimdor y haber cortado todo contacto con él. También, relataba una leyenda provecta que había desentarrado: la Fontana de Sangreferal, un manantial encantado que podría contener la sangre del mismísimo progenitor de la raza huargen. Dayann estaba en las selvas meridionales de Feralas, y pedía auxilio a su hermano contra una amenaza que no llegaba a comprender.

Gabriel Damarco ha convocado a sus aliados de la Alianza, les ha puesto al corriente de esta misión y ahora planea lanzarse en la búsqueda de su hermana y del mito de la Fontana de Sangreferal. Y esta vez ya no está solo, pues a su vera desfila su manada, los Hijos de Goldrinn, almas gemelas que lo respaldan en el trance. Muchos de ellos son amigos apreciados a los que Gabriel está ayudando a congraciarse con la maldición del huargen. Entre ellos se encuentra Nicole Copperwing, sacerdotisa huargen e ingeniera a quien ama con locura.

La búsqueda de la Fontana de Sangreferal ha concluido, pero si cabe sólo ha elicitado más incógnitas de las que ha respondido: el pelotón de Renegados ahora destruido que había sido enviado en su persecución estaba liderado por Didacus, antiguo arcanista de la Casa Damarco; la secta Altonato de Custodios comandada por Cybella está podrida y extinta, aniquilada desde sus propios intestinos; el sátiro, Zalvan, ha escapado como de costumbre; la monstruosidad que trató de aparecerse sobre las aguas bermejas yace también muerta.

La participación de los lobos espectrales, herederos naturales de Goldrinn, se probó capital para que los héroes salvajes conservaran la vida. Sin embargo, nada de eso fue suficiente para redimir de su sino inexorable a Dayann Damarco, quien falleció a resultas del atroz embate del leviatán; ni tampoco a los soldados humanos que habían sido destacados para asistir a los Hijos de Goldrinn en su cometido. Además, algunos han contraído una virulenta afección al beber de la Fontana de Sangreferal para combatir a los profanadores del pozo.

Con la confesión rezada por Didacus antes de fenecer de que Dayanara sigue viva, prisionera de los Renegados en su infausta ciudad laberíntica, y la precaria situación de los Hijos de Goldrinn contaminados por las aguas, hay mucho trabajo que hacer. Gabriel Damarco y los Hijos de Goldrinn deben encontrar un agente depurador para la Fontana de Sangreferal que sirva para remitir los ataques de rabia de los huargen embebidos y luego, rescatar a su hermanastra cautiva del dédalo lordaeroniense.

Pero sus planes se verían de nuevo truncados cuando el navío en el que viajaba fue boicoteados por traidores de la Alianza. Sospechando haber sido víctima de una conspiración y con el apoyo inestimable de su amada Nicole Ala de Cobre, el dúo de huargen apostó por crear identidades falsas con las que emprender la investigación de las razones del naufragio. Espoleados por el fantasma de un amigo muerto en el atentado y del resto de la tripulación que defendía una preciada mercancía, Gabriel y Nicole realizaron un hallazgo insólito en las aguas de Costa Oscura: un sello, aparentemente inofensivo, con el grabado de Darnassus.

Gracias a la ayuda de los aventureros que más tarde se agruparían bajo el estandarte del Pacto de las Cenizas, Gabriel y Nicole, entonces conocidos como Thor'delar, la Furia de los Guardianes Ancestrales, y Giraluna, en honor a las flores que despiertan a medianoche, iniciaron la búsqueda siguiendo las pistas de la bitácora de a bordo del capitán Tirios Plumahierro, que les llevaría a los lejanos Páramos de Poniente. Allí, perseguían a una sombra de hombre llamado Jack Samuelson, un viejo soldado de Lordaeron hecho teniente.

Con el tiempo, el Pacto de las Cenizas destapó un complot en el que se vinculaba a los Defias con una serie de nobles misteriosos del más alto estrado de la Alianza. Jack Samuelson, operativo encubierto del IV:7, fue señalado como autor de una serie de torturas y asesinatos en pos de erradicar a los perjuros de la Alianza y recobrar unos enigmáticos sellos que abrían un cofre sellado en tiempos de la institución de la facción. Recorriendo los Páramos de Poniente y las Montañas Crestagrana, Thor'delar, Giraluna y sus allegados fueron identificando a los cómplices de la Camarilla y deteniéndolos, descubriendo eventualmente su objetivo de dar un golpe de estado al poder legítimo valiéndose del artefacto que encerraba la mítica Arca de la Alianza.

No obstante, sus esfuerzos se vieron frustrados de forma definitiva en el Bosque del Ocaso, donde el último de los conspiradores, el "Perro" del Ocaso, un noble eremita largo tiempo aislado del mundo exterior, exhaló su último aliento y entregó los cuatro sellos que poseía a la compañía de aventureros. De lo que ocurrió en el interior del mausoleo de la familia Lobonegro, cuyas tierras ocupaba el "Perro" del Ocaso, no se ha contado nada en absoluto. Lo único que se sabe es que el cuerpo moribundo de Jack Samuelson se desvaneciódespués de haber sufrido un ataque mortal en la cripta, y que el último de los traidores conocidos falleció en el ataque, y con él la trama que podría haber puesto en peligro la estabilidad de la Alianza.

Ahora, Gabriel Damarco y Nicole Ala de Cobre son libres al fin de revelar su identidad. Con un hijo a la espera y habiéndose convertido por una fortuita y oportuna herencia en el sucesor de lord Lobonegro, Gabriel Damarco se ha puesto manos a la obra para reagrupar a la vieja manada de los Hijos de Goldrinn, mientras debe lidiar con las obligaciones de su nueva dignidad como señor y como cabeza de familia.

Con el cuerpo de su hermana Dayann exhumado y saqueado y la Arboleda del Crepúsculo, donde se escondieron los restos de la Fontana de Sangreferal, cerrada a cal y canto, Gabriel Damarco se ha propuesto establecer la base de los Hijos de Goldrinn en el Cerro del Cuervo y cerciorarse, desde su posición, de que el Bosque del Ocaso no vuelve a ser una fuente de problemas para su pueblo. Como lord, ahora también debe velar por el bienestar de la extendida Alianza en la sede de la capital.

Estado actual[editar | editar código]

El nacimiento de los Hijos de Goldrinn, el rasgar de sus aullidos contra el firmamento cuajado de estrellas del continente de Kalimdor, ha devuelto el vigor y el buen ánimo a Gabriel. Con el íntimo apoyo de Nicole Ala de Cobre, su amada y prometida, por primera vez en años se siente satisfecho.

Pese a que su retorno a la civilización no puede comportar la restauración de su primera dignidad nobiliaria, pues hasta hace poco carecía de una baronía que administrar, Gabriel Damarco ha recibido en herencia el título de lord Lobonegro y es dueño de una casona medio derruida en el Cerro del Cuervo del Bosque del Ocaso. Además, Gabriel sigue siendo el alfa de los Hijos de Goldrinn y lidera con sabiduría y justicia, guiando a sus amigos en las tradiciones atávicas de honor, sacrificio y tesón del Anciano lobo Goldrinn y de la Alianza.

Véase también[editar | editar código]

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