Durante el exilio.

Aquella belleza me sacó de la ruina. Me permitió empezar de cero. Me dejó redimirme sin tener que pudrirme tras unas rejas.

Podía haber tomado el camino fácil: dejar Quel'Thalas y el ejército, para continuar siendo un bastardo traidor. Pero sin embargo, pensar en ella me instó a que yo mismo cumpliera mi culpa. Me instó a que pudiera volver a Quel'Thalas. Con mi pueblo. ¿Y con los Lobos? Tengo que pensarlo. No soy digno siquiera de mirarles a los ojos.

Se necesitaban brazos y espadas en Corona de Hielo. Y sí, también necesitaba más venganza. Toda la participación que hice en la campaña oficial no fue suficiente. Equipamiento ligero y fresco. Pero formaba parte de la penitencia. Una falcata, una máscara, un arnés y hombrera de cuero, guanteletes, un faldar, mis botas de placas y una culebrilla venenosa, para atacar a los acólitos vivos.

Una gárgola me corroe la máscara. Un necrófago me asalta por la espalda. Me doy la vuelta. Cargo. Vacilo. Quiebro. Le aplasto los débiles huesos de las piernas. Y es decapitado por mi hoja.

Un caballero de la muerte me barrea por los suelos. Su aberración equina casi me perfora un pulmón. A la desesperada, le tiro la culebra. El muy gilipollas se asustó. Imbécil, estás muerto. La culebra no te puede envenenar. Pero aún así se cayó sobre mi falcata.

Y así durante unos meses. Hasta que caí derrengado. Un comando orco me encontró y me cuidó. Me llevaron al Martillo de Agmar. Apenas hablaron conmigo. Seguro que sabían quién era. La noble raza orca. Encuentran a un traidor y lo que hacen es cuidarle. Me dejaron en Dalaran para acabar de curarme.

En Dalaran estoy reflexionando. No podía volver con los Lobos. Esos bastardos del ICO los tenían fichados y yo sólo empeoraría las cosas. Tiempo al tiempo, Hojargenta, me digo a mí mismo.

Pero ella... Ahora recuerdo: llevaba un tabardo con el sello de nuestra nación. Allí iré cuando me cure. Y la encontraré.

Nota del autor[editar | editar código]

Este relato detalla lo que le pasó al lobo rojo Cybelion Hojargenta desde su ingreso en la cárcel (a causa de la trama organizada por Lobos de la Luna Roja en donde la Manada se convertía en fugitiva) y la liberación de la cárcel por el amor platónico de Cybelion, una espía elfa llamada Luzia; hasta el fin de su penitencia, pasando por un exilio expiatorio.

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